Deán Juan José Martín CamposMisa de San Juan evangelista
Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo.
Una mano anónima quiso que nuestra legalización coincidiese con la onomástica de San Juan de la Cruz. Por nuestra parte siempre buscamos la coincidencia con «los juanes», y por ello presentamos la primera solicitud de legalización un 24 de junio, también del año 2009. Nos nuestros dos santos juanes rectores, Juan el Bautista y Juan de la Cruz, el de la noche oscura. En medio de ellos dos nos movemos.
Este espacio, oculto en la inmensidad de internet, no está abandonado, aunque pueda parecerlo. Aquí apenas se escribe y no se debate nada. No hay preguntas y tampoco respuestas. Sin embargo, aquí está asentada la fuerza, o la razón, que sostiene tanto al Alminar de Melilla, como a la Capilla de Juan el Bautista. Se accede aquí desde ellos, en una puerta que hay que buscar. Es una fina línea que se ha mostrado a muy pocos. La gran mayoría de visitantes de uno y otro blog, desconocen que este lugar existe.
Eso sí, no es un lugar ni misterioso ni raro. Aquí no se oculta nada. Servimos a la misma luz que en la Capilla o en El Alminar. Sin embargo, el orden de creación fue inverso, y así, quien fue el primero, se mostró a la vista pública como el último. La luz está aquí y aguanta, la fuerza también, aunque a veces todo sea débil. Todo precisa de ser buscado. La luz necesita ser mantenida. La energía debe ser guardada en algún lugar.
Debemos buscar refugio, orar y reposar en algún lugar, alejados de cualquier ruido e interferencias. Este blog existe desde 2013. Nunca ha dejado de recibir visitas. Llevábamos dos años sin escribir aquí. Los tres últimos años se reciben, invariablemente, 300 visitas. Son suficientes. Hemos aguantado mucho más de lo que esperábamos.